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Juan Roberto Zavala

El General Cárdenas y el petróleo

Juan Roberto Zavala

Entre el asombro y el desconcierto se encontraría, si viviera, el ex-Presidente Gral. Lázaro Cárdenas, al conocer la noticia de que nuestro país decidió adquirir en los Estados Unidos 100 mil barriles de petróleo ligero, por día, es decir que a 77 años de la expropiación petrolera, México pasa de un país productor exportador, el noveno a nivel mundial, a uno parcialmente importador de este hidrocarburo,  que se originó en nuestro territorio durante millones de años.

A esto se agregaría la sorpresa de saber que a pesar de las grandes inversiones públicas en explotación, investigación y proyectos de expansión petrolera, que durante muchos años se han venido realizando, también importamos la mitad de la gasolina que consumimos en el país, la que compramos en Estados Unidos a precios muy bajos y los mexicanos la pagamos  en aproximadamente 40 por ciento más cara que los consumidores estadounidenses.

El ex-Presidente estaría enterado que la reducción en el precio de la gasolina en ese país  ha hecho felices a los ciudadanos estadounidenses, pues a diferencia de nosotros, ellos ahora tienen mayores recursos para invertir o gastar, con lo que existe una substancial mejoría en la economía de esa nación.

Sorprendido estaría también al saber que como resultado de la caída, a nivel internacional, de los precios de los precios de los energéticos y la menor producción de la empresa, el valor de  las exportaciones petroleras, en 2014, cayó al nivel más bajo de los últimos años y que como contrapartida, PEMEX recibió el mayor préstamo de su historia:  6 mil millones de dólares.

Aunque  también sabría que durante el gobierno del Lic. Luis Echeverría Álvarez y en un período entre 1972 y 1974 se importó petróleo crudo , lo que concluyó el primer semestre del 74, con 17 mil barriles diarios, como promedio,  el Gral. Cárdenas pensaría que el de ahora es un cambio dramático para la industria petrolera del país, pues además compraremos el crudo estadounidense a un precio 20 por ciento mayor al de la mezcla mexicana.

Su angustia, como la de muchos mexicanos, crecería al conocer que a pesar de que PEMEX tiene una deuda de 55 mil 951 millones de dólares; del reciente recorte presupuestal de 124 mil 300 millones de pesos       anunciado por el Secretario de Hacienda Luis Videgaray, casi el 50 por ciento, 62 mil millones de pesos corresponden al presupuesto de PEMEX, es decir el 17 por ciento de lo que tenía asignado para este año.

Sobre todo porque estos recortes de obra pública en bienes propios, instalaciones de equipo, construcciones, edificios, etc. de la empresa que   más ingresos genera para  México, pues contribuye con aproximadamente el 37 por ciento de los ingresos del sector púbico y sus ventas equivalen al 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB),  se dan cuando su producción declina y los precios del crudo están a la baja, afectando las inversiones productivas, los proyectos rentables.

A su memoria seguramente vendría aquel 18 de marzo de 1938, cuando por negarse a cumplir con las leyes de nuestro país, expropió, en beneficio de la nación, los bienes de las 17 compañías petroleras extranjeras que operaban en México, lo que contribuyó determinantemente a nuestro crecimiento económico durante varias décadas.

De ese capítulo evocaría también, con enorme satisfacción, el apoyo que tuvo de todas las clases sociales del país, el que se materializó en la ciudad de México,  el 23 de marzo de ese año, con una manifestación de respaldo a la expropiación, con más de 100 mil  personas (gran cantidad para la época) y la aportación voluntaria que hicieron numerosos mexicanos para pagar la deuda petrolera.

Asimismo recordaría la importancia que tuvo para los aliados, durante la segunda guerra mundial,  el petróleo mexicano y las enormes utilidades que obtuvo nuestro país por la venta del hidrocarburo, así como que, a decir de Enrique Calderón Alzati,  su sucesor, el presidente Manuel Ávila Camacho,  formó una Comisión de Alto Nivel para decidir en que emplear esos fondos, invitándolo a participar. La decisión fue emplearlos en mejorar la economía de la nación, prioritariamente en educación y salud.

Como resultado de ello, a decir del mismo autor, se creó, para atender la salud de los trabajadores y sus familias y con aportaciones del mismo gobierno, de las empresas y los trabajadores, el Instituto Mexicano del Seguro Social, lo que mejoró la calidad de vida de los mexicanos, pues garantizó servicios médicos y pensiones de retiro. Además se crearon diversos centros hospitalarios como el Hospital Infantil de México y el Instituto Nacional de Cardiología y se mejoraron carreteras y vías ferroviarias.

Como las utilidades por la venta del petróleo continuaron durante el gobierno del Presidente Alemán, y siguiendo al autorcitado el país tuvo un crecimiento acelerado, construyéndose la Ciudad Universitaria en la Ciudad de México. Además, agregamos nosotros, se abrieron escuelas por todo el territorio nacional, se aumentó notablemente la red de carreteras y se modernizaron los ferrocarriles.

De toda esta información y recuerdos seguramente el Gral. Cárdenas concluiría que la caída en la producción y en el precio del crudo influirán negativamente en el crecimiento de la economía mexicana, pues muchas empresas relacionadas con PEMEX revisarán sus proyectos de inversión,  y cancelarán empleos estimados a otorgar, con lo que se incrementará el trabajo informal y la emigración de mexicanos hacia los Estados Unidos.

Asimismo  el expresidente pensaría que en lugar de los recortes a rubros prioritarios, el gobierno debe disminuir en un 50 por ciento el gasto en difusión y  promoción; reducir otro tanto las erogaciones en viajes, comidas, gasolina, vehículos y teléfonos celulares de los funcionarios y muy especialmente disminuir en un 20 por ciento los sueldos de los altos mandos de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, incluyendo los de la petrolera.

Pero sobre todo, se diría, para que los tres órdenes de gobierno y PEMEX, en especial, operen con legitimidad y eficacia, se deberán establecer verdaderos controles a la administración pública mediante un real Sistema Nacional anticorrupción que  evite  los conflictos de interés, el tráfico de influencias y los francos sobornos,  es decir la corrupción.

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