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Juan Roberto Zavala

 

Devaluación del peso y pobreza


Juan Roberto Zavala

Aunque el gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda, pretende minimizar la percepción de la población del país respecto a la devaluación del peso con expresiones que la califican como “una revaluación del dólar”, o que se trata sólo de “una pasajera volatilidad del tipo de cambio”; atribuyéndola a diversos factores como la crisis en Grecia, el precio del petróleo y la posibilidad de alza en las tazas de la Reserva Federal en los EE.UU., la realidad es que desde hace tres años sus efectos se han venido reflejando en los precios de los alimentos, vestido, vivienda y medicinas, con lo que es ya una constante en nuestro país.

Prueba de ello es el reciente informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) que nos dice que entre 2012 y 2014 la población en pobreza, en México, creció en dos millones de personas, pasando de 53.3 millones de mexicanos (45.5 por ciento) a 55.3 millones (46.2 por ciento), lo que significa que casi la mitad de la población vive en esas condiciones.

Pero además, el informe nos habla de que también creció el número de personas que ni siquiera pueden adquirir la canasta alimentaria básica, pues de 23.5 millones (20 por ciento), en el mismo lapso se incrementó a 24.6 millones (20.6 por ciento).

Estas cifras, sin tomar en cuenta el estudio de Julio Boltvinik, Araceli Damián y Alejandro Marín, investigadores del Colegio de México, “Evolución de la Pobreza y Estratificación Social en México. 2012-2014”, que nos dice que el total de la población en pobreza pasó de 83.08 por ciento a 84.30 por ciento, es decir que de 97.4 millones de pobres al final del gobierno de Felipe Calderón, pasamos ahora a un poco más de 100 millones.

Por eso llaman la atención las declaraciones del Secretario de Hacienda Luis Videgaray de que la Comisión de Cambios, integrada por la secretaría a su cargo y el Banco de México, diariamente se aseguran que el mercado cambiario tenga liquidez y funcione bien y de manera ordenada, como se está haciendo con las subastas diarias de dólares, con lo que la depreciación del peso no representa un riesgo para nuestra estabilidad macroeconómica, muy especialmente con respecto al endeudamiento público.

Es de mencionar que para paliar la devaluación, desde el año pasado diariamente se ofrecen 200 millones de dólares,  si la cotización del tipo de cambio FIX baja 1.5 por ciento o más con respecto al día anterior y desde el 9 de junio el Banco de México también subasta diariamente 52 millones de dólares sin precio mínimo.

En todas estas declaraciones y formas de presentar el problema de la devaluación no se recuerda el constante endeudamiento público de nuestro país, interno y externo, ni que la gasolina nos cuesta a los mexicanos un 35 por ciento más que en los EE.UU., con los que los precios de los productos necesariamente se incrementan, especialmente el del transporte o que la reforma fiscal les presenta serios inconvenientes a los pequeños empresarios, poniendo como ejemplos la factura electrónica, pues muchos comerciantes ni computadora tienen y el incremento del IVA en la zona fronteriza, lo que dificulta la competencia con el comercio de los EE.UU.

Esto, además del serio problema de corrupción que encarece la vida de los mexicanos, como los contratos y las licitaciones “a modo” del sector público, que se dan a socios y amigos, con precios inflados, con lo que los mexicanos recibimos menos obras y de menor calidad, en  hospitales, escuelas, carreteras, presas, calles, etc.

Con todo esto la devaluación, que en estos casi tres años llega a aproximadamente el  30 por ciento, incrementa la pobreza, pues basta ver que la retiquetación con precios alzados, es ya una constante, lo que diariamente verifican las amas de casa y todos los que visitamos establecimientos comerciales.

Para agravar el problema, y con el argumento de que el impuesto existe desde hace 15 años, pero no se aplicaba, a partir del 1ero. de julio de este 2015, la Secretaría de Hacienda exigió al comercio la aplicación de un 16 por ciento de IVA a tacos, tortas, sándwiches, gorditas, quesadillas, flautas, hamburguesas, empanadas, hotdogs, burritos, sopas instantáneas, pizzas, nachos, tamales y todos aquellos productos destinados a la alimentación, que sean preparados en el lugar, aun cuando no se consuman en el establecimiento.

Esta medida afecta al sector mayoritario y más vulnerable de la población, pues son los obreros, los trabajadores de la construcción, los oficinistas, los empleados del comercios y los del sector informal, es decir los que ganan de uno a tres salarios mínimos, los que diariamente acuden a establecimientos donde compran esos alimentos para ingerirlos en sus trabajos o en la calle. Ejemplo de esto es que ahora, los cinco tacos que compraban por 20 pesos les costará 21 pesos con 60 centavos, lo que multiplicado por 24 días de trabajo, significa un incremento en su gasto mensual de 38 pesos con 40 centavos, sólo para él, sin su familia, en una sola comida.

Otra medida que lastima a la población más desprotegida es el reciente aumento en un 22 por ciento al valor de la leche Liconsa, lo que significa un peso por litro, pues de 4.50 pesos en que se vendía, pasó a 5.50 pesos. Actualmente Liconsa tiene un padrón de beneficiarios de 6 millones 430 mil personas.

Así, las familias beneficiadas con el programa, las más pobres del país y con el mayor número de hijos, si consumen diariamente dos litros de leche, ahora deberán pagar 120 pesos mensuales más.

Por eso llama la atención la declaración de los funcionarios del gobierno federal,que aparentemente ignoran que el poder adquisitivo de los mexicanos viene descendiendo considerablemente estos años y que con ello se incrementala pobreza, a lo que se suma el grave peligro de la desconfianza de los inversionistas extranjeros, que buscando rendimientos mayores, ahorraron en pesos y la de aquellos que pretenden establecer nuevos negocios en México, pues generalmente tienen aversión a las naciones con problemas sociales.

Es entonces, urgente, el diseño de un nuevo proyecto de crecimiento económico,  que tomando en cuenta las condiciones de  nuestro país, evite la devaluación del peso y la pobreza, con medidas efectivas como fortalecer el aparato productivo y generar empleos de calidad, así como bajar el precio de la gasolina y eliminar el IVA en los alimentos arriba mencionados, reactivando de esta manera el consumo interno e impulsando la prosperidad del país.
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