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Juan Roberto Zavala

Sobre el desempleo profesional

Juan Roberto Zavala

En medio del escaso crecimiento económico de nuestro país, producto de la poca inversión privada nacional;  de una política de mayor recaudación fiscal que limita el consumo, pues retira de los bolsillos de los mexicanos otra parte de su salario y sobre todo de la precariedad del mercado laboral, llama la atención el reporte del Coneval ( Evolución del ingreso laboral y del Índice de tendencia laboral de la pobreza, al segundo trimestre del 2014), del que se desprende que durante este año el salario ha perdido poder adquisitivo en relación a la canasta alimentaria.

A este reporte lo complementan los datos preliminares de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), pues solo durante el mes de Julio de este año, 2014, más de 295 mil personas perdieron su empleo en el país, con lo que la tasa de desocupación nacional tuvo un incremento de 19.58 por ciento en ese mes, respecto a la registrada en Junio  del 2013, siendo los estados de Guerrero, Quintana Roo, Sonora, Baja California Sur, Chihuahua y Querétaro, donde hubo el mayor incremento de desocupación, aunque la mayor parte de desempleo la tuvo el Distrito Federal, donde la proporción de desocupados, respecto a su población económicamente activa, llegó a 7.25 porciento.

Esto significa que para el mes de Julio 2 millones 834 mil personas buscaban un empleo o perdieron el que tenían y por tanto tenían serias dificultades para alcanzar el valor de la canasta alimentaria, además de que el precio de los alimentos se ha venido incrementando substancialmente, a lo que se agrega el aumento en el transporte y los servicios.

Por su parte el Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, ha señalado que la desocupación representa un obstáculo para la obtención de una mejor calidad de vida para los trabajadores y que los indicadores muestran que nuestra economía sigue sin responder a la necesidad de generar más empleos y mejor remunerados, que contribuyan al fortalecimiento del mercado interno.

De entre estas cifras de escaso crecimiento económico y precariedad laboral llaman la atención los datos de desocupación, por nivel de instrucción, pues a mayor  preparación académica,  mayor es el porcentaje de quienes no encuentran un empleo, es decir que es más fácil que los trabajadores con menores estudios ( primaria incompleta, primaria completa o secundaria ) encuentren una plaza laboral, que quienes han cursado la preparatoria, la licenciatura o el posgrado.

Los datos del mismo mes de Julio de este año, citados por María F. Fonseca Paredes, directora de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterey, campus Estado de México,  nos dicen que el 39 por ciento de los desocupados cuentan con estudios de nivel medio superior y superior; que las personas desocupadas, con estudios de secundaria, representan el 39.9 por ciento del total, en tanto que los que tienen primaria incompleta o primaria completa representan solo el 6:3 y 14:8 por ciento, respectivamente, de las personas desocupadas.

Esto nos lleva a la reflexión de que aunque si bien las transformaciones en la formas de producción, comunicación y transporte han creado nuevas necesidades y con ellas nuevas competencias, en nuestro país no existe un equilibrio entre la oferta y la demanda de profesionales, pues existe una gran diferencia, en número,  entre  los profesionales de las llamadas “ciencias libres”: administración, antropología, leyes, derecho, economía, ciencias políticas, demografía, etc., que llegan al 62 % , en tanto que los de ciencias duras, como ingenierías, matemáticas, biología, química, biotecnología, medicina, etc., son solo el 38%.

Es importante mencionar que estudios recientes nos hablan de que en México a los egresados de las carreras profesionales se les dificulta, hasta por tres años,  encontrar su primer trabajo relacionado con lo que estudiaron y que en ese lapso de tiempo solo el 56% lo logra.

Este desajuste entre oferta y demanda, además de ser un despilfarro de recursos humanos, permite que los empleadores tengan la posibilidad de contratar, con menor sueldo,  personal más calificado, debidamente preparado en instituciones educativas formales,

Todo esto es un absurdo económico,  pues  afectaa la población que tiene las aptitudes, conocimientos y destrezas para agregar valor al mercado e impulsar con ello el crecimiento económico de nuestro país.

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